viernes, 31 de enero de 2014



El Centavito Valiente





       Estaba solo, viejo y sucio, acurrucado en una esquina de la acera. La cara casi desdibujada y el sello, que habían visto mejores tiempos, estaban llenos de los restos de cualquier cosa rastrera. Se sentía impotente y vencido. Cayó...y nadie se dignaría recogerlo.

-¿Qué puedo hacer para cambiar mi destino? ¡Sólo soy un centavo! No valgo nada, nadie me miraría siquiera. ¡Que tiempos los de antes! Cuando era útil e importante- decía con tristeza mientras se hundía más y más en la suciedad.

Y así pasaba el tiempo entre quejas y añoranzas hasta que, en una noche de suspiros y recuerdos, sintió que no estaba solo. Un centavito, jóven y reluciente, cayó cerca de su esquina. Temeroso de sus críticas, el centavo se escondía para no ser visto y miraba con recelo y envidia al reluciente centavito. Tan jóven, brillante y ¡nuevecito! Cada día observaba como el centavito se limpiaba, esperando ser visto y valorado.

- Cuando me recojan, me reuniré con muchos centavitos más y lograremos grandes cosas- Decía alegremente, mientras se pulía, reluciendo al sol y a las luces de la noche. 

Tanto molestaba al centavo el optimismo de su "compañero de desgracia", que salió de su escondite diciéndole:

 - ¡Ya basta! ¿Por qué te limpias y te arreglas tanto? ¿Es que no ves que nadie te va a recoger?- le gritó.

El centavito se asustó tanto y no entendía lo que pasaba. Mientras pensaba qué contestarle al enfurecido centavo, que le gritaba cosas horribles sobre su destino, lo miró fijamente, como queriendo entrar a su alma para descubrir dónde se alojaba tanta amargura y sacarla de allí. Ya más tranquilo, le dijo con firmeza:

- ¡No te atrevas a decirme nunca más que nadie me recogerá o que no haré algo importante! No puedo rendirme sólo porque otros lo hayan hecho. No hablo de falsa esperanza, sino de estar preparados...mira...- dijo con mucha suavidad, como para hacerle entender algo muy, pero muy difícil de explicar- Caímos, es cierto, pero ¿quién dice que no nos podemos levantar? ¿Ah? ¿Dónde está escrito que debemos abandonarnos en ésta esquina, envueltos en suciedad y oscuridad?

El centavo lo miraba, callaba y se quedó pensativo un buen rato. Trataba de encontrar las palabras que le dieran la razón y así atacar de nuevo a aquel centavito impertinente y pretencioso, que tan valiente y brillante reflejaba toda la luz, iluminando aquella sombría esquina, iluminándolo a él; para darse cuenta de que podía decidir cambiar la vida que llevaba, oculta y llena de sucio, o ser un reluciente centavo listo para hacer grandes cosas.


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Y así como el centavo, hay tantos que se quejan de su destino, pero que, simplemente, no hacen nada por cambiarlo, hasta que llega un centavito que hace temblar su cómoda desgracia y les muestra lo que pueden ser capaces de hacer...sólo, si tienen ojos para verlo.

1 comentario:

  1. Hay momentos en la vida, que los miedos, el resentimiento por una acción que no esperamos, el dolor por una ofensa, son motivos que nos hacen actuar como ese centavo viejo, donde el propio ego nos cubre con su suciedad y las criticas y recomcomios van opacando mas y mas nuestro ser e impide que salga y reluzca nuestra verdadera esencia, esa chispa divina que todos tenemos y que nos conecta con la Energia Divina.
    Seamos como las libélulas que brillan en la oscuridad y frente a las situaciones o circunstancias no gratas busquemos la enseñanza y dejemos fluir la situación con la certeza que como ese pequeño centavo estaremos listos para hacer grandes cosas una vez que tengamos la lección aprendida.

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